Wearables sí, pero con matices

Wearable

Las previsiones apuntan a que en 2018 se moverán cerca de 6.500 millones de euros en el mundo en torno a los llamados wearables.

Aunque  hay estudios, como el de Juniper Research, que vaticinan de aquí a cinco años un crecimiento casi del triple en los ingresos globales de retail por la venta de dispositivos wearables, gracias a los relojes y gafas inteligentes, la realidad dista mucho de ser tan optimista, ya que todavía el ciudadano mira con cierto recelo a esta tecnología llamada a hacernos la vida más fácil.

Las previsiones apuntan a que en 2018 se moverán cerca de 6.500 millones de euros en el mundo en torno a los llamados wearables,  que si bien su existencia data desde los años 70, no ha sido hasta bien entrado 2012, coincidiendo con la aparición de los primeros prototipos de las famosas y mediáticas Google Glass, cuando ha tenido especial repercusión.

Los principales retos a los que se enfrenta la tecnología wearable, es decir: aquella que define a aquel conjunto de dispositivos que se incorporan en alguna parte de nuestro cuerpo, interactuando continuamente con el usuario y con otros dispositivos, con la finalidad de realizar alguna función específica, se sitúan en primer lugar en el precio.

La mayoría de estas computadores corporales o ‘llevables’ no son nada asequibles a los bolsillos del ciudadanos medio. Y para muestra… 479 euros es lo que cuesta hacerse con unas Google Glass y casi 300 euros los que valdrá el modelo más básico de Appel Watch.

Sin embargo junto al precio, el primer obstáculo está aún para muchos en su verdadera utilidad que tan sólo es bien mirada en el ámbito de la salud como la excepción que confirma la regla. Es decir, los usuarios entienden que los wearables como las lentillas para controlar el glaucoma, relojes que controlan el nivel de azúcar o camisetas que miden el nivel cardiaco, son un paso importante a la hora de gestionar en el futuro el tratamiento de distintas enfermedades/patologías o bien para mantenernos en plena forma.

Frente a ello, hay quien considera que  los smarphones son capaces ya de propiciar toda esa información al usuario, quedando los wearables como objetos fácilmente prescindibles, mientras sigue la fiebre por las grandes marcas de fabricar todo tipo de modelos. Precisamente frente a todo el fervor existente alrededor de esta tecnología muchos son los que ven defienden que estos gadgets quedarán reducidos  a ser meros complementos del móvil.

Existen ya estudios que evidencian lo poco seductor que puede llegar a ser este tipo de dispositivos de cara al usuario. En esa línea se sitúa la firma Endeavour Partners, que muestra  datos poco halagüeños. Según este informe, el 33% de los wearables vendidos son ‘abandonados’ apenas seis meses después de su compra. Al final, el 50% de todos ellos perderán igualmente su uso a lo largo del tiempo.

Lo cierto es que por primera vez en la historia nuestra especie está en inferioridad numérica respecto a los dispositivos móviles activos, entre los que se encuentran los denominados “inteligentes” (smart) y los que solo se comunican de una máquina a otra (IoT). Estar hiperconectados es ya una tendencia que crecerá a lo largo del tiempo y estos dispositivos ayudan y fomentan esa fiebre llamada ‘computing everywhere’ (informática en todas las partes).

En cualquier caso si hay un wearable que despierta máxima atención y  gran interés entre el público ha sido Google glass. Hablamos de las llamadas gafas inteligentes con las que ya es posible hacer fotos y grabar vídeos en alta definición y enviárselos algún familiar o amigo. También consultar nuestro correo electrónico o las últimas noticias e incluso realizar una videollamada tan sólo con guiñar el ojo. Sin embargo, tampoco escapa de detractores quienes se han apresurado a señalar cuáles son las sombras de este dispositivo, aún para muchos por pulir.

Por encima de criterios  y hasta de gustos, el próximo 2015 será el año de los wearables que se irán sofisticando conforme pase el tiempo tanto por fuera, como de cara a las utilidades prácticas de los mismos y es justamente en el ámbito de la salud donde tendrán especial repercusión. El último ejemplo: unos calcetines inteligentes diseñados para controlar a los enfermos de Alzheimer y que demuestran ya que estos equipos van más allá de relojes, gafas y pulseras inteligentes, tan sólo es cuestión de tiempo.

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