Productividad, eje del cambio

La fórmula es bien sencilla: cuanto menos tiempo se invierta en lograr los objetivos más productiva será la empresa y por ende también sus trabajadores.

La fórmula es bien sencilla: cuanto menos tiempo se invierta en lograr los objetivos más productiva será la empresa y por ende también sus trabajadores.

Uno de los términos más repetidos en las organizaciones es, sin dudarlo, la productividad. En realidad este concepto está casi siempre asociado directamente con la eficiencia y el tiempo. Es decir, cuanto menos tiempo se invierta en lograr los objetivos más productiva será la empresa y por ende también sus trabajadores.

Cuando hablamos de productividad, nos estamos refiriendo a el vínculo existente entre la cantidad de bienes y servicios producidos y la cantidad de recursos utilizados sirviendo, a menudo, para evaluar el  rendimiento de los equipos de trabajo y los empleados. Así por medio de la productividad se pone a prueba la capacidad de una estructura, estando este concepto directamente relacionado con la rentabilidad de una empresa.

Precisamente saber cómo mejorarla es el auténtico quebradero de muchas organizaciones en la actualidad, que asumen este concepto como un indicador clave de su rendimiento y como el verdadero punto de inflexión del cambio. No en vano decimos, por tanto, que  alguien es productivo con una cantidad de recursos (insumos) en un periodo de tiempo dado, si se obtiene el máximo de resultados.

Ahora bien ¿cómo incrementarla? Aquí os dejamos siete tips muy interesantes para tener en cuenta:

  1. Mejorar la organización interna. Hacer las cosas según van surgiendo es muy habitual, sin embargo establecer prioridades pese a ser más costoso a priori ahorra tiempo y evita la dispersión cumpliendo los objetivos. Por otro lado, no se puede perder media mañana revisando mails o buscando un documento, hay que ser ágiles y operativos,  por tanto evitar actividades inútiles simplificando la gestión es siempre sinónimo de éxito.
  2. Modernizarse. No sólo hablamos de adquirir tecnología, que es importante, sino también de adoptar una nueva forma de pensar y proyectar la empresa hacia el futuro y para ello es crucial incrementar la capacidad de adaptación al cambio a través del tiempo, estando siempre alerta de todas aquellas novedades que puedan mejorar el rendimiento de su negocio. Aquí entra en juego otro concepto: la innovación como vehículo para encontrar alternativas novedosas para sus clientes, pero también para mejorar su propia gestión organizativa.
  3. Inteligencia emocional. Es un hecho probado que los trabajadores que son felices y están contentos en sus trabajos producen más. Por ello hay que buscar múltiples alternativas como la flexibilidad laboral, facilitando incluso el teletrabajo para ayudar a conciliar la vida laboral con la personal y familiar. A ello hay que añadir sistemas que permitan evaluar de forma individual a cada empleado,  arbitrando recompensas adecuadas a las tareas que desarrollan, sencillamente porque no todos somos iguales 🙂
  4. Colaboración, cooperación y participación. Estas tres palabras juntas consiguen  grandes resultados al fomentar algo que tiene tanto valor como la motivación del empleado y la implicación en la empresa. Que todo esto se haga en un clima de diálogo y de buen ambiente abonará el terreno también para la creatividad. Hay, por tanto, que involucrar ya que es vital para el éxito del proyecto, estimulando el entusiasmo y el desempeño.
  5. Planificar. Es lo más básico, aunque no por ello lo más fácil. Hay que organizar el trabajo con antelación y para conseguirlo es fundamental hacerse con un listado de tareas y tener claro cuáles son los tiempos límites para su desarrollo, estructurando el tiempo en función de la urgencia de cada una. En definitiva la planificación estratégica ayuda a definir objetivos, metas, políticas y procedimientos. Así será todo  mucho más sencillo.
  6. Comunicación. Por medio de una buena  gestión de la comunicación interna y externa se podrán establecer planes de acción que apoyen la consecución de los objetivos, mejorando el clima laboral y generando  una buena reputación, tanto desde dentro como hacia fuera, siendo fundamental para la mejora de la eficacia entre departamentos.
  7. Evaluar. Ya saben: sin análisis no hay conocimiento y sin éste no hay acierto. Hay que supervisar y estudiar el funcionamiento de los procesos en las distintas tareas de la organización teniendo indicadores claves para mejorar el rendimiento y pudiendo arbitrar cambios y mejoras en los procesos.

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